Estuve en un concierto de Serrat y Sabina, en Buenos Aires.
Así, de regalo, la vida me ofrece el encuentro con quien había motivado la elección de Barcelona, como lugar de destino de mi viaje.
En 1976, Serrat había estrenado el disco Mediterráneo,
y María me propuso elegir Barcelona porque allí estaba él, y el mar...y hablaban catalán.
Qué gracia: nos gustaba que no fuera aquella España casposa que en nuestro tiempo tenía mala fama...
Entonces cantó Mediterráneo, aquí, en La Bombonera, emblema de Buenos aires.
Y proyectaron detrás las imágenes del mar...
No sé ponerle nombre a la emoción;añoranza? pertenencia?desarraigo?
Me sentí aquí, lejos de ese paisaje familiar.Lejos. Esa pesada losa, esa densidad que pone la imaginación para otorgar poder a los kilómetros.
Cuando vivía en Barcelona no me daba cuenta de cuánto amaba el mar.Su proximidad, su compañía.
Serrat cantaba, y yo sentía el vacío. Poco a poco iba creciendo un sentimiento de pérdida de él, también! Pero si yo no seguía a Serrat en estos últimos 20 años! Si sólo fui a verlo una vez allá lejos, y no tengo ningún disco suyo...
Echo de menos el agua. El pan con tomate, y el pescado fresquito del mercado.
A mis amigos, a mi hijo, los tengo cerca: estamos en contacto por internet, que lo facilita todo, maravillosamente. Viajan ,viajaré...pero la tierra...la tierra y el mar, hay que pisarla, mojarse,olerla.
Sentí la ausencia. Un sabor extraño, nuevo.
Ahora entiendo a los poetas un poco más.
Y a mí, también.
Barcelona, el Mediterráneo. Yo dejé una Barcelona muy distinta a la actual, a la que vos dejaste. Una Barcelona que casi no tenía mar y era imposible ir a las playas contaminadas de la Barceloneta. Era raro, parecía una ciudad en el mar sin mar. Pero igual la amé y la amo y cuando viajo me siento como en casa. Brindo por Barcelona, por nuestra juventud apenas, pisando sus calles por primera vez.
ResponderEliminarbrindo por ello, y por nosotras, que estamos aqui...
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